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El año mágico de Zidane: la llegada del francés fue aire fresco


Con el Mundial de Clubes de Japón, el técnico, que llegó al banquillo con apenas experiencia, cierra 2016 con tres títulos y dos derrotas en 53 partidos.

Los jugadores hablan de él como del capitán del barco. Cuando Zinedine Zidane se hizo cargo del equipo a principios de enero, el Madrid estaba a la deriva, con 37 puntos de 54 en Liga, agobiado por tener que enfrentarse a un equipo italiano —la Roma— en octavos de Champions y con un horizonte lleno de nubarrones. Ningún jugador había conectado con Rafa Benítez: el grupo iba hacia un lado, el técnico español hacia otro. La llegada de Zidane fue un soplo de aire fresco. Obró el milagro y consiguió en cinco meses la Undécima. Tres meses después, la Supercopa de Europa y cerró el año con el tercer título de la temporada, el Mundial de Clubes. Lo consiguió sufriendo más de la cuenta y en la prórroga. Pero hasta a eso parece haberse acostumbrado el técnico francés.

El banquillo del Madrid, sitio que por norma desgasta a todos por la presión y la exigencia, parece no haberlo hecho con Zidane. “Sí, sí que está la presión, el desgaste, el estrés… y va a estar hasta que me quede aquí. Otra cosa es que no se vea… Pero míreme hoy, no tengo voz y dentro estoy cansado, no he encontrado la manera de dormir bien desde que llegamos aquí”, decía en su última rueda de prensa del año.

“Mi familia es la que está allí siempre y me apoya, haga las cosas bien o mal”, contestó cuando le preguntaron si se acordaba de alguien en especial tras el tercer título de la temporada. “También quiero dar las gracias a los jugadores. Lo que están haciendo es fenomenal, el que juega más, el que juega menos, vamos todos por el mismo camino”, dijo.

Mismo camino, mismo barco. Son las palabras que han ido utilizando los jugadores y el técnico a lo largo del año. A Sergio Ramos le preguntaron si este era el Madrid con más mística y épica con el que había jugado desde que llegó a Chamartín. El capitán contestó que de cada época se quedaría con algo, pero que era difícil formar un grupo como el de ahora. “Se han reforzado las líneas en función de lo que necesitaba el equipo. Apenas ha habido cambios, somos los mismos jugadores, nos conocemos bien y eso crea una dinámica de juego mucho más sencilla. Nos entendemos con una mirada. Desde que llegó Zizou el grupo cambió a nivel anímico, gestiona bien el vestuario y sabe sacar las virtudes de cada uno. La clave es que el talento que tenía como jugador sabe trasladarlo como técnico y estamos encantados de que dirija este barco”, analizó el central.

El barco ha pasado por 53 puertos. De los 53 partidos que ha dirigido el técnico francés en 2016, solo ha perdido dos: contra el Atlético en Liga en febrero y contra el Wolfsburgo en Champions en abril (hubo remontada en la vuelta). Zidane siempre ha defendido el trabajo. No se ha cansado de repetir que si se trabaja mucho, bien y con pasión, es imposible que las cosas salgan mal. Fuerza de voluntad, en ese sentido, mostró desde el día de su presentación. “Ofrezco ilusión y ganas de trabajar”, dijo. No estaba claro, sin embargo, que esa ilusión y esas ganas, por sí solas, dieran resultados. O al menos que los dieran tan buenos en tan poco tiempo.

Esa gestión del grupo, esa capacidad de hacerse escuchar —los jugadores le siguen mirando con esa aura mágica que desprendía cuando jugaba—, su buen talante, no le ha impedido actuar con mano dura. Es el técnico y manda. De James e Isco, por ejemplo, dijo nada más llegar al banquillo que eran jugadores a los que había que dar cariño y confianza. Pero no contó con ellos hasta que pelearon por un sitio en el once. Y James todavía anda metido en esa batalla. Tampoco ha tenido reparo en incluir a Cristiano Ronaldo en sus rotaciones. Nadie se había atrevido antes.

Zidane sigue repitiendo que está en fase de aprendizaje. La FIFA lo nominó entre los tres mejores técnicos del año (el galardón se entregará el 9 de enero) y él dijo que quizás era demasiado pronto. “Hay muchos entrenadores que tienen que estar antes en esta lista”, manifestó. Repite cada vez que puede que esto algún día se acabará y que lo que quiere es disfrutar del momento, porque tiene la suerte de hacer lo que más le gusta. ¿Pero se esperaba esto cuando se sentó en el banquillo del Madrid el pasado 5 de enero?, le preguntaron. “El 4, llegué el 4. Mi idea era intentarlo, intentar hacer grupo y ganar partidos. Y como soy positivo, aunque no lo parezca, sí me esperaba un Real Madrid así. Teniendo a estos jugadores es más fácil”, contestó.

La positividad, por cierto, le impide pensar que el equipo sufra un derrumbe parecido al de Carlo Ancelotti después de conquistar el Mundialito de 2014. “Lo tenemos en mente aunque no hayamos hablado de eso en el vestuario. Yo creo en el trabajo y los jugadores también y si trabajamos por qué va a tener que cambiar esto”.

Fuente: elespectador.com

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