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  • ABC del Bebé

¿Tienes un niño desobediente? El error puede ser tuyo


Ver cómo un niño grita o ataca verbalmente por una norma que no le gusta puede hacer que los padres caigan en una serie de errores que no mejoran para nada el comportamiento de su pequeño.

Cualquier persona que haya cuidado niños sabe que, en ciertos momentos, pueden llegar a tener “mal” comportamiento y hacer rabietas. A veces, esto sucede con una frecuencia pasmosa; en la mayoría de los casos, lo raro es que los pequeños cumplan con las normas que los padres les indican.

Los padres y madres no han desarrollado una habilidad innata para atender este tipo de situaciones, lo que hacen es aprender de su experiencia para conseguirlo y prestar mucha atención a qué estrategias usar para frenar la actitud desafiante de sus niños.

Lamentablemente, y según el sitio web Psicologiaymente.net, en este proceso de aprendizaje aparecen sobre la marcha una serie de errores muy frecuentes que se pueden evitar, por ello te invitamos a que los detectes y los elimines de tu actuar para que manejes mucho mejor, la ‘desobediencia’ de tu hijo.

Atiende estas recomendaciones y verás cómo poco a poco, tus niños empiezan a cambiar de actitud y corresponder mejor a tus indicaciones:

Las demostraciones de poder

Una de las trampas en las que caen los padres y madres con frecuencia es en tomar la desobediencia como un desafío directo a su autoridad, como algo que debe gestionarse como si se tratara de un juego de intimidación militar.

Que un niño o niña no cumpla las normas no significa que lo haga para desafiar. De hecho, lo más probable es que sus actos sean consecuencia, simplemente, de que no tienen en cuenta esas reglas, o simplemente, las olvida.

Esto es muy común, ya que muchas veces normas de comportamiento que nos parecen de sentido común son, ante los ojos de los pequeños, carentes de sentido, algo que no se entiende y que, por consiguiente, no llegan a memorizar.

Así pues, para evitarlo, los padres primero deben asegurarse de si están ante un caso de “desobediencia” o, más bien, de simple “no obediencia”.

En caso de que sea lo segundo, hay que esforzarse por hacer que el hijo o la hija entienda qué lógica hay detrás de la norma, es decir, por qué se debe actuar o hacer lo que le piden, en pocas palabras: explícale el porqué de la orden o comportamiento que le has pedido.

Imitar la rabieta

Cuando un niño grita o ataca verbalmente por una norma que no le gusta puede hacer que los padres caigan en la tentación de hacer básicamente lo mismo que él: enfadarse y contraatacar pero definitivamente, esa no es la mejor opción.

Si esta rabieta deriva en un castigo –lo cual es muy frecuente–, hay que tener en cuenta que ese castigo puede ser interpretado como una extensión de la rabieta del padre o de la madre. Esto es: la razón de ser del castigo será la de una satisfacción personal relacionada con lo que el adulto siente en el aquí y el ahora, nada más, pero no le enseñará al niño lo bueno o malo de su actuar.

Muy importante: ¿Cómo manejar las pataletas de tus hijos?

Es por eso que los hijos que reciben castigos constantemente desarrollan resentimiento y frustración, algo que en ningún caso los lleva a comportarse mejor, sino a comportarse peor, ¡cuidado con eso!.

Ceder ante la rabieta

Ceder cuando los hijos se niegan a seguir ciertas reglas es siempre contraproducente. Esto se debe a que el acto es interpretado con un mensaje: “desobedecer funciona”. Es decir, se pasa a creer que seguir las reglas es algo opcional y, por consiguiente, las reglas no sirven para nada. Simplemente son un obstáculo molesto a esquivar, ya que estén presentes o no se podrá hacer lo que se quiera.

Hacer ver que no ha pasado nada

Este error se parece al anterior, pero con otro matiz. Cuando cedes ante la rabieta o la actitud negativa de tu hijo, estás dando a entender que la norma queda eliminada y ya no cuenta, al ignorar la transgresión de la norma introduces ambigüedad en la situación.

El infante no sabe si el adulto no actúa porque no se ha dado cuenta de que ha desobedecido o si el padre o madre se ha dado cuenta y no lo ha considerado importante. La sensación de desatención y de que lo que uno hace no le importa a nadie es muy negativa.

Así pues, la desobediencia siempre ha de tener una consecuencia, aunque esta sea la re formulación de las normas para encontrar un mejor punto de equilibrio entre ambos intereses. La negociación puede llegar a ser muy positiva. Esta es una manera de demostrar a los niños que sus necesidades e inquietudes son tenidas en cuenta y respetadas.

Fuente: abcdelbebe.com

 

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